Al Filo del Agua: la experiencia después del blanco, una bienvenida al arte y cultura contemporánea en Bahía de Banderas.
- HonkytonkMagazine
- 26 ene
- 3 Min. de lectura
Galería de arte, speakeasy y espacio cultural en La Cruz de Huanacaxtle, Bahía de Banderas, Nayarit, Mèxico.
Entrar a una galería de arte contemporáneo suele ser una experiencia similar en casi cualquier parte del mundo: paredes blancas, luz limpia, silencio visual. Nada sobra. Nada interrumpe. Todo aparece y desaparece suspendido en el aire.

Este modelo no es casual. Tiene nombre, historia y una intención muy clara.
El llamado “cubo blanco” (white cube) se consolida en el siglo XX como respuesta a los museos recargados del pasado. Frente a salones llenos de ornamentos y contextos narrativos impuestos, el arte moderno propone lo contrario: un espacio neutro donde la obra se enfrente al espectador sin intermediarios. El blanco aparece entonces como un gesto de limpieza, de racionalidad, de control.
La promesa del cubo blanco es simple: eliminar cualquier distracción para que la obra sea lo único que importe. El color no debe contaminar, el entorno no debe opinar, la arquitectura no debe competir. El espacio se vuelve casi invisible. En teoría, el arte habla por sí solo.
Sin embargo, esa neutralidad es una ilusión.
El blanco también comunica poder. Convierte la obra en un objeto casi sagrado y al espectador en alguien que debe comportarse con cautela. Silencio, distancia, contemplación. El cubo blanco no solo muestra arte: define qué es arte, quién puede producirlo y cómo debe ser observado. El contexto social, político y emocional queda deliberadamente fuera de cuadro.
Por eso muchas galerías de arte contemporáneo se sienten frías o intimidantes. No porque el arte lo sea, sino porque el espacio impone una forma específica de relación: intelectual, distante, controlada. El mundo real se queda afuera.
Y ¿Esa perilla a donde te lleva? ¿qué pasaría si giras la perilla?
Imagina una galería blanca en La Cruz de Huanacaxtle, un pueblito de Bahía de Banderas, México, que todavía conserva algo cada vez más raro: la sensación de no haber sido completamente descubierto. Un lugar donde conviven pescadores, artistas, viajeros curiosos, veleros y silencios. Donde el turismo no va a borrar su identidad local.
Al Filo del Agua es un espacio de arte contemporáneo en La Cruz de Huanacaxtle, Nayarit, operado por el artista Adam Bateman. Funciona como una plataforma de experimentación curatorial, práctica social y estética relacional, enfocada en el intercambio cultural, la comunidad y la consultoría artística. Inspirado en la obra de Agustín Yáñez, el proyecto se posiciona como un punto clave del arte independiente en el Pacífico mexicano.
Caminas por ese espacio pulcro, casi clínico. Las obras se exponen en calma. Y de pronto, entre dos muros blancos, aparece una puerta discreta. No hay letrero. No hay explicación. Solo una manija. La abres. Y el blanco desaparece.
Del otro lado, la luz es baja, con algunas obras de arte expuestas, el aire es denso, la música envuelve. Hay conversación, coctelería de autor, cuerpos presentes. Un speakeasy cultural escondido, como un secreto bien guardado. El arte ya no solo está colgado: está ocurriendo.
Ese lugar existe.
Al Filo Bar: arte, speakeasy y experiencia cultural.
Solo abre la puerta y estás adentro.
Al Filo Bar se ha posicionado
como uno de esos espacios híbridos difíciles de clasificar: galería, coffe bar, coworking, bar, punto de encuentro, refugio nocturno. Un lugar donde el arte contemporáneo dialoga con la música, la noche y la experiencia sensorial de los cincos sentidos.
Aquí, el cubo blanco no desaparece: se transforma. La contemplación se vuelve interacción. El silencio se vuelve conversación. La obra se baja del muro y se mezcla con la vida.
En Al Filo Bar, el arte no se consume rápido ni se explica en exceso. Se descubre. Se siente. Se dialoga. Se comparte. Como La Cruz misma: un territorio en transición, en cruce, donde todavía es posible crear propuestas culturales que no buscan masificarse, sino conectar y co crear.

Después del cubo blanco...
El cubo blanco representa el arte que se contempla. El speakeasy, el arte en el que se experimenta.
Uno aísla. El otro envuelve.
Uno busca neutralidad. El otro asume su contexto.
Al Filo Bar habita justo en ese filo: el punto donde el arte deja de flotar en el vacío y vuelve a tocar el mundo. Donde la pureza del blanco dialoga con la penumbra, la música y el cuerpo.
Tal vez el futuro del arte contemporáneo no esté en elegir entre la galería tradicional o el espacio alternativo, sino en crear puertas secretas. Lugares donde el arte pueda pensarse y vivirse. Donde la experiencia suceda después del blanco.
Como el arte, cuando sorprende.






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